lunes, 5 de diciembre de 2016

Viena 26 (La Galería de Pinturas de la Academia)

Yo no salía del KHM, pero un día me dio cosa y me fui a la Gemäldegalerie der Akademie der bildenden Künste (y me gusta mucho poner el nombre en alemán, sí: la Galería-de-pinturas de la Academia de Artes Plásticas).
Ya había estado hacía años. Ahora han hecho reformas y está mucho mejor. Está al lado del edificio de la Sezession, tan mítico como sobrevalorado (en mi (no tan) humilde opinión):



De la Galería, yo acabé fijándome en lo mismo. En este cuadro maravilloso de Murillo:



Leí justo ayer, en una entrevista que enlazaban a Enrique Valdivielso, que esos chavales podían ser de los muchos que quedaron huérfanos en Sevilla por la peste. Es un cuadro buenísimo:





Impresionaba mucho ver de cerca los pies sucios.

Esta coronación de la Virgen es de Antonio da Fabriano, de principios del XV. Me dio por pensar que de cuadros así tomaría Klimt esos fondos de telas superpuestas que tanto le jalean sus fans:






No sabía si iba a estar allí el tríptico del Bosco o se lo habrían llevado a la exposición de Madrid: estaba allí y con toda la razón, porque era bastante malejo (aquí también me tiro de la moto y afirmo que era como mucho del taller del Bosco). Lo que me siguió gustando fueron las puertas en grisalla, sobre todo la del pobre Santiago peregrino, rodeado de crímenes al fondo, viniendo de puntillas a esta esquina del mundo:






Volví a ver a Cranach (que ya no me gusta tanto), pero bueno, Otra vez me fijé en la cara de mala de la joven casada con el viejo para robarle:


Y podría hacer una lista de las representaciones que he visto de la «familia extendida» de la Virgen, No sabía que también tuviese una Cranach. Es muy germánica:



Y luego está Lucrecia:



El niño es bastante repelente, pero el cuadro de Nicolaes Maes (de hacia 1670) llamaba la atención:




Tenían también una exposición de dibujos, por ejemplo este de la torre norte de la Catedral de Viena, de Laurenz Spenning, de 1465 (y que ha acabado como selfie):


Y este dibujo de Durero, que ya sabemos que sabía usar el lápiz:


Y este dibujo de un caballero en un torno, de en torno a 1500, que parece bastante «moderno»:

viernes, 2 de diciembre de 2016

Adviento para todos / Delicias del inicio del hiperpuente para algunos

1. No sabía si este año estaría también, pero ayer me encontré con la primera entrada del blog que sólo sale en Adviento, sobre montañas. UNA MARAVILLA, una delicia, un prodigio.

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2. Leo en un sermón sobre la Virgen de san Juan de Ávila esta definición de la palabra: aire herido.

Cosa es de maravillar que, siendo las palabras cosa de tan poco tomo y tan livianas, pues son aire herido, tengan tanto tomo que sean clavos, y muy hincados. Livianas son en substancia, mas de tomo son por el mal que hacen, si son malas, o el bien, si son buenas. Ex verbis tuis iustificaveris. Vita et mors in manibus linguae [Por tus palabras te justificarás. Vida y muerte en las manos de la lengua] (Mt. 12, 37; cf. Prov. 18.21). Veces hay que se pierde una casa, pueblo o ciudad por una lengua, o se gana; con la lengua mala podéis quitar a uno la hacienda, honra y vida, y sobre todos, ¡ay de aquel que quita a su prójimo a Dios con mal consejo y persuasión!
No son vuestras palabras, Virgen, de esta manera, sino verba sapientis [palabras de sabia] (Cf. Ecl. 10.12). Palabras de la Virgen trujeron a Dios para ella cuando por el Ecce ancilla [He aquí la esclava] (Lc. 1.38) encarnó Dios en ella, y por una palabra vino Dios en los otros.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Viena 25 (Selfies barrocos)

Me han llegado cientos de mails (#no) preguntando por qué se quedó en el aire el relato de Viena. Es que la vida se ha adelantado, pero me queda un montón que desmadejar de mis fotos de Viena, con las que os torturaré, inmisericorde hasta bien entrado 2017.

Como cortinilla de continuidad esta foto en un espejo del KHM:



Y esta de la iglesia de san Pedro, en el cogollito de Viena, con sus arquitecturas hiperbarrocas y frescos ilusionistas (por ejemplo el techo, muy conseguido):






miércoles, 30 de noviembre de 2016

Una postal en micénico



Buscando unas tablillas de Lineal B (la escritura silábica micénica) para un amigo, me encontré esta postal que le mandó John Chadwick (el descifrador con Ventris) al checo Antonín Bartoněk y que este publicó en su manual (Handbuch des mykenischen Griechisch (Heidelberg Winter, 2003). El texto es:

I-jo-a2-ne A-to-ni-no ka-re-e I o-ri-ko u-te-re-o e-ne-ka a-e-ro-pa-ra-no-jo I no-pe-re-o a-ra sa-wo wo-i-ka-de e-re-ro-u-ta I po-ro-i-me do-ro-i po-ro-i-de ke-ra-si I qe-qi-ma-me-no ka-ri wo-i-da meki-ta.
(«Juan a Antonin, saludos. Un poco tarde, por una avería del avión, llegué a casa. Con muchos agradecimientos y muchos regalos, te doy mis más sinceras gracias»).

Aquí lo comentaron, también desde el punto de vista lingüístico, especialmente ese a-e-ro-pa-ra-no-jo tan friki en una postal que es una apoteosis de lo friki.

martes, 29 de noviembre de 2016

La luz de Valencia 3

El Museo de Bellas Artes, medio en obras, estaba como anticuado: en una vitrina un plato de Manises y en un pasillo un arcón con complejísimas cerraduras, que todos estamos hartos de ver (es como los bargueños: un tostón).
Pero voy a lo positivo: retablos góticos maravillosos y una colección muy buena de pintura renacentista valenciana (Vicente Macip y su hijo Juan de Juanes, Francisco de Osona y el otro, Paolo de san Leocadio y su hijo). Luego todo se me mezcló: pasaba de Ribera (valenciano también: quizá el pintor valenciano más grande, ahora que lo pienso) a un montón de italianos indistinguibles del XVIII y luego a cosas de Murillo, Ribalta y yo no sé qué más. Muy confuso todo: a ver si acaban las obras y «reordenan la colección» para que los pardillos pretenciosos nos aclaremos.

-¿Y no hiciste fotos?
-Pues claro, ahí van, que la web del Museo es una mierda. Voy a contarlo desde el final y acabo en el gótico.

Este cuadro de Ribera tan impresionante, de san Sebastián muerto, atendido por santa Irene:




Mi foto es mala (aunque creo que recoge mejor el desvalimiento del cadáver), pero la del Museo es peor, así que he acabado en la wikipedia, que no le hace tampoco justicia.

No es que fuera un gran cuadro, pero el tema sí: La liberación de Platón, de Orazio de Ferrari:


Juan de Juanes se me volvió a caer un poco, por dulzón: esos Cristos eucarísticos o esa Última Cena que estuvo en casi todas las casas de España, son buenos pero ahhh, no sé. Aunque en esta calavera se quita de encima tanto dulzor, igual que en algunos cuadros suyos del Prado (el retrato del caballero):



Había esta resurrección de Yáñez de la Almedina, que podéis comparar con la santa Catalina del Prado (mismas letras árabes en las telas, por ejemplo, mismos escorzos):




Me encontré varias veces la escena del alma abandonando el cuerpo, pero con forma de cono (!):


También en un cuadro de Joan Reixach y en esta escena del Museo de la Catedral, de Alejo de Vahía:


Otra cosa muy loca, la Misa de san Gregorio en mashup con el Juicio Final:


Mientras un ángel coge a las almas de los salvados, Judas se ahorca:


Estas tablas son de Francisco de Osona:





Muy interesante, pero si lo comparas con la misma escena por Pedro Berruguete, no hay color.

Pero todo eso no es nada, porque en la exposición de Pinazo, un pintor valioso del XIX, habían puesto el autorretrato de Velázquez, en el que me paré. Pero estaba rodeado de cientos de jubiliados hablando a la vez. A una señora la chisté y fue peor: la pobre se excusó y aquello fue penoso. Pero me puse a mirar el autorretrato a pesar de todo y eso es otra cosa, juega en otra liga.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Sólo hechos, de Andrés Trapiello


Buscando la portada del último volumen, esos billetes de tranvía capicúas tan chulos, para ponerla aquí, me he dado, en la página de Facebook, con la foto de un cuaderno de un volumen anterior:


Cuando empecé a leer los Diarios de AT yo pensaba que eran «sólo» eso, transcripciones de cuadernos. Luego resultó que no, que había una reelaboración entre medias. Después, el autor empezó a poner el peso en su carácter de novela. Lo mismo me dio y lo mismo me da: me gustaban muchísimo como diarios y lo mismo me gustan como novela, así que discutir sobre si son hechos, sólo hechos, los que salen en el libro es algo que sólo le interesa a Arcadi Espada, a quien se dirige el "Medio Prólogo" y con quien tuvo un debate este año sobre ficción y verdad que es el que da el tono singular de este volumen.



Estos libros están logrados, están vivos, han cuajado la receta de la literatura verdadera. Es como que te salga la mayonesa o no: a AT le ha salido la mayonesa con estos Diarios. Y de mil modos y con mil transgresiones a la receta, le sigue saliendo igual de buena. Que luego venga Arcadi discutiendo si en realidad habría que hacerla sin sal es algo que me resulta indiferente.

«Sólo hechos» lo dice un personaje de Dickens. La serie de Diarios está presidida por una cita de Galdós. Justo en este volumen el autor relee Fortunata y Jacinta y se pasma otra vez de lo vivos que están sus personajes, eso que también logró Dickens. Yo me acuerdo del Pip de Grandes esperanzas y es, como Fortunata, alguien que tuvo necesariamente que existir. El chiste es que también AT lo logra, del modo más difícil, con personajes «reales». Por ejemplo, yo sé (o conjeturo: no conozco los detalles, pero sé que la referente está vivita y coleando) que M. no iba a tener problemas en la revisión médica que se cuenta aquí, pero me alegra mucho, unas páginas después, enterarme de que «de hecho» no los tuvo.

Por lo demás, los hilos narrativos se van continuando entre volúmenes (como en las novelas de Galdós y Dickens): vemos irse marchando de casa a R., nos conmueve la madre de A., tan maternalmente madre, nos encontramos con aquel que leía El Progreso de Lugo y nos alegra saber que se casó con fortuna (y a continuación, dando un salto de diez años, se inserta el obituario de 2016, que leí yo en el periódico este verano «de verdad»). Volvemos a ponernos al tanto de cómo les va a Gimferrer y Vila-Matas, nos alegra que vuelva a aparecer Carlos Pujol (aunque con el velo de la muerte sobre él, eso también lo sabemos por «los hechos»), nos emocionan los encuentros con Delibes y con.Ramón Carnicer. Y me sigo riendo con cada «y no escribió más nada».

Por eso Sólo hechos: es una portada de billetes de tranvía capicúa, que pertenecen a una colección estrafalaria que pretende agarrar –como toda colección- la complejidad de vida: pero la vida se escapa. El libro, que empieza con descripciones cristalinas de paisajes a buril (sobre todo en Las Viñas), termina, en un crescendo impresionante (en el que sólo hay una descripción, ahora de lluvia con niebla), con el protagonista viéndose reflejado en los demás, figura compleja, entre la murria y la pena con momentos de alegría y con esa conciencia de un entrecejo que –es la primera vez que lo leo y es clave- se le nubla ante personas y cosas y que lo convierte en un espíritu de contradicción, alguien a la contra, lo que le ha traído innumerables problemas pero a mí me lo ha hecho tan cercano en algunos aspectos.

«Y cuando aquí se dice nadie, y pese a que esto sea una novela, fue nadie, o sea, cero asistentes» (433), dice a propósito de una conferencia sin público que dio (y con la que se compró la colección de billetes capicúa): por mí podría haber asistido media humanidad, lo mismo me da. Son sólo hechos y son verdaderos, asistiese alguien o nadie o casi nadie.

Al poco de empezar este volumen pensaba que -si Dios quiere- habrá veinte volúmenes más tras estos veinte, que iré leyendo y releyendo con placer. Mientras, lo que me daba pena era ver cómo éste  se me iba acabando demasiado pronto. Ya se me ha acabado, ay. Bueno, tenemos youtube:

viernes, 25 de noviembre de 2016

Santa Catalina

En el día de la patrona del barrio del pueblo en el que viví, esta canción de Tindersticks que me ha estado acompañando últimamente. Parece un poco grandilocuente y que va a cansar pronto, pero no, por ahora no (la recomendaban en este excelente blog):

jueves, 24 de noviembre de 2016

Memorias de un güelfo desterrado

Lo único que me preocupó del texto que escribió hace dos días Cavalcanti sobre este blog, que tanto me gustó, fue pensar que yo tenía previsto hablar de su último libro hoy (es la presentación hoy en Sevilla): no querría que parezca que esto es una competición de bombos mutuos (por otro lado, ni él ni yo somos el Babelia). Tampoco me voy a poner a rebajar los elogios que quería hacerle por dar una «impresión de objetividad» basada en el distanciamiento: el hecho es que su libro me parece muy bueno; lo he disfrutado un montón y me alegra muchísimo que le haya salido tan bien.

Dicho lo cual, pasemos a la portada



Es una foto muy chula del castillo de Úrbel y yo me atribuyo el mérito (presunto), porque él en un viaje pasó por allí pensando (erróneamente) que yo le había animado a que lo visitara. El hecho es que yo no he estado nunca en ese sitio, aunque ahora sí que quiero ir, viendo la elegancia y altura que tiene. Además, a mí me recuerda lo de Lutero (con perdón): Ein feste Burg ist unser Gott.

El libro es de estructura similar a los otros dos de la trilogía (XXI Güelfos y Teología güelfa), pero en este caso es más memorialístico: quien nos habla nos explica que está aquí incómodo, aunque por suerte acompañado. Sus anclajes están en el recuerdo de su padre y su hermano, en su madre, sus hijos, su mujer. Nos explica de su vida diaria en un mundo extraño, el del desterrado, en el que ve que su salida es la de crear un «monasterio familiar» como abrigo de los vendavales de una realidad que parece que ya se fue al garete, si se ve con unos ojos tan escrutadores y tan dotados para la indagación filosófica como los del autor, que tiene un asidero mejor arriba.

A mí lo memorialístico me gusta mucho y si es de un amigo, más, porque hemos tenido pocas ocasiones de hablar, aunque siempre muy jugosas: en el aeropuerto de Barcelona básicamente (parecemos espías). Por eso leer un párrafo como este sobre la casa de su abuela me impresiona y me divierte a la vez:
En aquellas interminables tardes infantiles de sábado, que me enseñaron el ritmo exacto del aburrimiento, me escondía solo en el mirador que daba a la calle de Velázquez y repasaba con los dedos los lomos de los libros arrinconados de Chesterton y de Balmes que mi tío había leído una y otra vez apasionadamente.
Mientras, por aquel enorme piso mi tía daba voces preguntándose dónde me había metido, sintetizadas en una frase final de impotencia: «¡Este muchacho está tan loco como su padre!». Como él, me refugiaba y me protegía de una bondad clausurada en los recuerdos de otra época. (19)
Justamente el retrato que hace de su padre es de lo más conmovedor del libro: un hombre bueno, de los «difíciles». como su hijo. Yo me acordé de aquellos de la generación del 27 que quedaron más arrinconados, como Ramón Gaya, que pagan el no amoldarse con la preterición, esos que han llamado «la generación de los difíciles», frente a los «de la amistad», tan jaleados. El autor de este libro tiene cualidades para aparecer en la portada de Babelia, pero no. Y él y yo sabemos que es mejor, porque si el mundo funcionara así, no sería el mundo que conocemos. Yo (no, no, no soy Babelia) le voy a hacer un elogio de los gordos, gordos a este respecto: en ese capítulo sobre su padre y en el de su hermano, el versículo final de Tobías (18) y el de Esaú (22) que cita son mucho más emocionantes, intensos y profundos que si se hubieran leído sin más. No es que haya superado la Escritura, es que nos ayuda a leerla con más profundidad.

Poco despuès cita unos versos suyos de juventud (27):
Tengo por ciertas pocas cosas,
las maneras tal vez, y la distancia
Y qué bien se retrata ahí. La distancia le permite ahondar y acertar en lo que otros no ven: el capítulo que dedica a Bob Dylan es anterior e indiferente al Nobel, pero da la clave en la evolución de la crítica literaria que hizo posible que se lo dieran. No es casualidad, son muchos años de estudio y lectura de literatura, teoría de la literaria (eso sí que tiene mérito, madre mía) y ahora cada vez más filosofía pura y dura. Ha asistido a la muerte de la literatura y nos lo cuenta.

Hay muchas otras cosas en el libro: el diagnóstico de la admiración por lo británico en lo superficial o en lo mejor (Campion), una crónica descacharrante sobre unas jornadas «pedagógicas», un comentario fascinante al estudio de Recalcati sobre Ulises y Telémaco,

Y yo voy a redondear esto, a propósito de su comentario al texto maravilloso de JRJ en Platero sobre el autor llamado loco por los niños de Moguer, con un envío al texto en paralelo de san Juan de Ávila.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

La luz de Valencia 2

En Valencia tenía unas horas libres, porque el día siguiente iba a ser todo de Congreso. Podría haber ido al IVAM, como la última vez (¡hace 25 años!: qué ingenuo era entonces). Podría haber visitado los edificios megablancos de Calatrava (#no) o, yo qué sé. el mar (pero ya lo había visto desde el avión), así que me fui a la querencia: Catedral y Museo de Bellas Artes.
El aeropuerto de Valencia es agobiante. El metro está bien. Fui andando desde la parada de Colón: pasé ante la portada del palacio del Marqués de dos Aguas. Me pareció abominable: en foto, en cambio, queda bien. Ahora me entran dudas; también me hubiera gustado visitar el museo, pero la cerámica está por detrás de la pintura: se siente.

Bueno, ya estoy en la Catedral: agarraos que voy a poner fotos con comentarios semiignorantes con pretensiones.

Creía que la recordaba pero no, nada. No es muy catedralicia: es chaparrita y el ladrillo no ayuda, aparte de que la recubrieron de neoclásico feúcho por todo el interior. Dos cosas destacan: el retablo central y el cimborrio.

El cimborrio es gótico. Como se caían casi todos, es un milagro que este siga allí. Y llena de luz la Catedral [foto de wikimedia]:


Y esta foto mía:


El retablo son las puertas de uno de plata que acabó fundido para pagar a los ingleses una de esas guerras del XIX donde alternativamente nos robaban ellos o los franceses (¡tal era nuestra postración!). Pero qué puertas:


Hay fotos en la web de la Catedral. Yo pongo las de fuera:





(Hasta yo me di cuenta de la influencia de Leonardo: la Virgen de las Rocas, por ejemplo)






Dicen que son de Fernando Yáñez de la Almedina (pintor de Ciudad Real, qué bien) y Fernando Llanos. Yo no me meto. Sólo digo que se le(s) podría reprochar un cierto amontone de las figuras, pero bueno: de lo mejor del Renacimiento español, aunque hay otros pintores mejores.

Y en la wikipedia tenéis esta foto de los impresionantes ángeles renacentistas (de lo primerito que hubo por aquí) de Paolo de san Leocadio. Las descubrieron hace no mucho, tapadas como estaban por una estructura barroca, que se mantiene en los nervios (detrás de mí, la restauradora original se lo estaba enseñando a unos amigos y yo puse la oreja - para aprender):



[La foto, de aquí: tienen un montón de fotos buenas]

Al lado de una puerta del crucero, la tumba de Ausias March:

En otra capilla cercana, la de Gregorio Mayans.

Me di de morros en otra capilla con seis tablas de Joan de Burgunya (no confundir con Juan de Borgoña: qué lío):



Fue una suerte ir al Prado a la zona de Renacimiento unos días antes. Valoré mejor este retablo maravilloso de Vicente Macip (y me acordé de mi madre y de mi hermana: ahí tenéis, junto  a san Dionisio, a santa Margarita mártir -no la de Escocia, que se celebraba justo ese día, ni santa Margarita María de Alacoque, la pertinente para el santo)